jueves, 3 de mayo de 2012

El Ego

Muchas veces hemos oído hablar de esta frase, o nos referimos a ella en comentarios a personas al decir “..es que luego no te permite aceptar tal o cual cosa”. Por ello de forma breve pero concisa hablaremos hoy de este tema, definiendo al ego como la idea que cada uno de nosotros tiene de sí mismo. Es decir, que el ego no constituye mas que una idea, una ilusión, pero una ilusión que ejerce gran influencia. Nadie ha visto al ego. Se trata más bien de un fantasma que aceptamos que controle nuestra vida. El problema  es que mantener esta ilusión puede impedirle conocer su verdadero yo, su yo espiritual.

El ego es una disposición del pensamiento errónea que intenta presentarle como a usted le gustaría ser, en lugar de cómo es en realidad. En esencia, el ego, la idea de uno mismo ,la máscara, el papel que estamos desempeñando; supone una forma distorsionada de afirmar y vivir la existencia. A esta máscara social (el ego) le gusta la  aprobación, quiere controlar situaciones y personas, y se apoya en el poder porque vive en el temor.

Tu ego es una creencia de lo que piensas que eres. Es un estado mental que has construido sobre ti y que va cambiando contigo. Tú lo defiendes porque desconoces su existencia en ti y el daño que te hace. El ego crece y se alimenta del odio, que es una de las muchas formas del miedo. Y donde hay amor no puede haber miedo, ni tampoco ninguna otra emoción negativa.

Cuando se le da mucho valor a tu creencia en el ego, lo haces importante, y él se hace presente en todo momentoy parece ser cierto, real, pero muy probable Usted no es eso que crees ser. Es mucho mas que sus pensamientos o sus creencias de lo que le han dicho que es, yque lo que Usted mismo ha construido duramente. El ego es su castillo, su refugio, el ser que -erróneamente- crees ser. Por ello una terapia psicológica puede ayudarte mucho con este tema.

Para relacionarte bien es básico identificar a tu ego e ir abandonándolo progresiva y definitivamente, esto con terapia psicológica se puede conseguir. Para evitar que actúe como el Juez que dirá “Los demás son los malos“, te dice, pero es otra mentira de tu ego que te has creído hasta ahora. TodosSomos Uno y ellos son Tú, si los condenas te condenarás a ti mismo. Si los perdonas obtendrás la libertad de Espíritu que anhelas y buscas, sin saberlo enlos múltiples paraísos sin fin que te propondrá tu ego.

El ego muy probable puede contaminar todas las relaciones sociales que establezcas, por muy buenas que sean, especialmente si no lo sabes identificar en ti. Le invito a observarlo durante un día, cuando aparezca a darte sus consejos o juicios acerca de otros, óbvialo y desentiéndete de él. Recuerda que nunca debes juzgar a nadie, o estarás dando fuerza a tu ego y él te dará su medicina: el dolor. Siempre que te sientas mal en tus relaciones es porque has pensado mal de los demás y has sido atrapado por tu ego. El amor siempre da bienestar y felicidad. Comprueba que tu ego tratará de volcar su culpa enotros, para justificar tu sufrimiento. Pero eso se va a acabar cuando lo descubras y cuando te des-identifiques de él. Vigílalo sin cesar y después ríete de tu ego y de sus sugerencias.

El ego puede crecer muchísimo si no lo identificamos y erradicamos. Te puede hacer girar en torno a él como a un peón en juego de ajedrez. Lo comprobarás pronto cuando sepas identificar a otros egos. Los que no se entregan a las tretas de su ego son libres, porqueven el bien en todos. Son naturales. Son Felices. No juzgan, no critican, no condenan, no atacan y después no se lamentan. Eso se llama Perdón, un avieja palabra incomprendida, que te salvará de los juicios terribles de tu ego, hacia ti o hacia otros. Perdonar es liberarse del miedo que el ego implanta en ti como arma frente a los demás. Deshazte del miedo y vuelve al amor, reconociendo y desarmando a tu ego.

La leyenda de Narciso es una forma sabia de recordarnos el peligro de vivir enfocados en nuestro ego, atrapados por él. La mayoría de las personas vagan por el mundo en ese estado, por eso se dice que están dormidas. No se disocian de su ego, y es eso lo que trae los problemas. Narciso estaba enamorado de sí mismo, o sea, vivía para su ego. El no lo sabía y, por tanto, se confundía con él.  Todo lo que hacía Narciso era alabar, cuidar y proteger a su ego, es decir centrase en lo que creía ser. Sin serlo.

Murió ahogado por él, asfixiado de sí mismo, por ser ignorante de Quien Era El en realidad. No busques las relaciones humanas para engrandecerte, experimentar, o proteger a tu ego. Eso te llevará a la ruina moral. Búscalas para tu Espíritu y volarás por cielos maravillosos dePaz. Identificar a tu ego y desentenderte de él te facilitará las relaciones humanas más felices y gratificantes que jamás imaginaste. Nunca pensarás mal de ti, ni por lotanto de otros. Serás libre como las aves del cielo, y sobre todo…¡feliz!

SUGERENCIAS PARA SUPERAR EL EGO Y ALCANZAR ESTAR MEJOR:

Las siguientes sugerencias le ayudarán aponerse en contacto con el ego y buscar estar mejor:

  •  Comience a llevar la cuenta de con cuánta frecuencia usa el pronombre"yo". Al no centrarse en su propia persona estará superando el ego.
  • Escuche a los demás y no se centre en sí mismo. Durante las conversaciones, concéntrese en lo que la otra persona está diciendo y en lo que siente. Luego responda con una frase que empiece por "tú, usted". Esto se denomina escucha activa. Es una manera de contener el ego y permitir que participe el yo espiritual.
  • Dé más de sí mismo y pida menos a cambio. León Tolstoy, pasó de ser un egocéntrico a ser un servidor de Dios, luego de aprender muchasl ecciones y pasar por tribulaciones. Y escribió lo siguiente: "El único significado de la vía es servir a la humanidad". Sea quien acaricie. Sea quien da cariño.
  • Recuérdese cada día que el más alto culto que puede rendírsele a Dios es servir a la humanidad, y que mediante ese acto su yo espiritual se sentirá realizado. 
  • La auténtica libertad no necesita nada para demostrar su existencia.Sólo siendo auténticamente libre podrá amar, porque no existe amor sin libertad. La falsa libertad exige que tenga a la mano algo que dé fe de su existencia. 
  •  Indagar, inquirir,investigar la raíz y el origen de cada pensamiento, recuerdo, afecto, emoción,sentimiento, resentimiento, etc. Todo ello con la adecuada guía de la terapia piscológica nos puede ayudar a sentirnos mejor.


Dra. Laura Camacho Alfaro - Clínica Arvicana  Teléfono:  2560-8001

miércoles, 2 de mayo de 2012

El ataque de angustia o de pánico.

Un ataque de angustia o de pánico se presenta al individuo como una súbita aparición de un nivel elevado de ansiedad y excitación fisiológica sin causa aparente. La aparición de estos episodios de miedo intenso es generalmente abrupta y suele no tener un claro desencadenante.

El miedo a sufrir angustia genera angustia. Éste es el principal problema de los ataques de ansiedad o crisis de pánico. Afectan con más frecuencia a hombres y mujeres y, en general, surgen en la adolescencia o en la primera edad adulta, aunque también es posible que se den más adelante y sin antecedentes previos. Siempre que se vive uno de estos episodios, la ansiedad aumenta hasta el punto de desencadenar síntomas físicos que se asemejan a los de un infarto, aunque no suponen un peligro para la vida de las personas. Las reacciones son tan molestas que el miedo a volver a padecerlos puede ser el desencadenante de nuevas crisis.

Algunos de los factores que predisponen a padecer alguna crisis pueden ser periodos prolongados de estrés o haber sufrido episodios traumáticos. A pesar de que se han detectado componentes hereditarios, y aunque pesen los antecedentes familiares, también es posible que una persona con estos antecedentes nunca sufra estos ataques.

Quien sufre una crisis de pánico percibe una sensación de pérdida de control y hasta de que su vida corre peligro, que se plasma en reacciones físicas. Las más comunes son dificultad para respirar, temblores, dolor o presión en el pecho, palpitaciones, taquicardia, sudoración, mareo, hormigueo en extremidades, náuseas, calambres, entumecimiento o escalofríos.

Causas de una crisis

No se puede mencionar una sola causa que explique por qué aparece una crisis de pánico, aunque sí se ha demostrado que las personas con un carácter propenso a la ansiedad y a la tensión son más susceptibles de sufrir este cuadro. Estas crisis no dejan de ser reacciones normales del organismo ante la ansiedad, aunque con una intensidad por encima de lo normal.

De hecho, quienes han sufrido alguna crisis no identifican con facilidad la causa. Son personas capaces de seguir su vida cotidiana de forma normal, con un nivel de estrés elevado pero latente, sin que se tenga conciencia de que el organismo se encuentra cerca de desarrollar los síntomas. Por este motivo las crisis pueden aparecer en situaciones cotidianas y tranquilas en apariencia en las que el estrés no ha aumentado de forma brusca, pero sí lo suficiente para que el organismo reaccione.

Las crisis de pánico guardan relación con la sensación de miedo: un individuo con una personalidad ansiosa que anticipe situaciones desagradables mantendrá la sensación de miedo. Aunque irracionales, estos miedos mantienen a la persona en alerta constante. Y si, además, se tiene un carácter obsesivo, las posibilidades de sufrir alguna crisis de angustia son mayores. Los pensamientos obsesivos suelen acabar distorsionándose de tal forma que pueden llegar a generar dos tipos de miedo: el miedo a perder el control y el miedo a morir. Ambos son tan intensos que pueden desembocar con facilidad en una crisis.

Los síntomas físicos de una crisis de angustia son tan molestos que el simple hecho de anticiparlos puede causar la misma crisis. Una atención excesiva a este tipo de reacciones corporales puede generar un temor irracional a sufrir otro ataque que activará el sistema nervioso y provocará un aumento de la tensión muscular, del ritmo respiratorio y del cardíaco.

Las personas que anticipan la aparición de nuevos episodios corren el riesgo de evitar de manera patológica exponerse a situaciones ansiosas o lugares donde se sufrieron crisis anteriores, hasta el punto de que una persona no es capaz de salir de casa para evitar exponerse a una nueva crisis.

Sugerencias para afrontar las crisis de pánico

Debemos conocer que esto puede presentarse una o varias, veces, en caso de repetirse es conveniente que se busque ayuda psicológica.

Las personas propensas a sufrir ataques de ansiedad deben reducir la fuente de estrés.
 
Otra técnica recomendable es aprender a aceptar los propios miedos, lo que supone empezar a tolerarlos y hacer que el organismo no reaccione con tanta intensidad ante estímulos que se asocien con ellos. Aprender a permanecer en el presente resulta un arma muy eficaz contra las crisis de pánico, ya que tanto la ansiedad como los miedos son producto de la anticipación de futuros eventos desagradables. Por este motivo, centrar la atención en el "aquí y ahora" ayuda a eliminar cualquier futuro pensamiento de preocupación.
 
Si se adquiere el control suficiente para disminuir las reacciones corporales a la ansiedad, se consigue ser dueño de uno mismo en todo momento. Con este propósito son efectivas aquellas disciplinas que ayudan a controlar la respiración y el pensamiento, como las técnicas de relajación (yoga o similares), o bien practicar algún deporte.
 
Que hacer durante una crisis:

Es fundamental dejar que pase sin más, sin intentar luchar contra ella ni evitarla. La lucha no hace más que aumentar la tensión y provoca que se alargue. Por el contrario, si se acepta que se van a sentir algunos síntomas de ansiedad durante unos minutos, el organismo se relaja y el episodio dura mucho menos. Cuando se ha conseguido ni luchar ni evitar las crisis y se ha comprobado que así se disminuye la frecuencia e intensidad, la persona percibe que se controla y, al cabo de un tiempo, ni tan siquiera se producen nuevos episodios.
Para el control del sistema nervioso es importante que la respiración sea pausada y que el oxígeno llegue al diafragma. Recuperar la frecuencia respiratoria normal durante un episodio ansioso permitirá que los demás síntomas de la angustia desparezcan de forma paulatina y que se pueda parar la crisis antes de llegar a la intensidad máxima.
 
No hay que olvidar que en cuanto aparezcan los primeros síntomas es obligatorio distraer la mente en algo que aleje la atención de las señales físicas que se están experimentando. Contar de 1.000 hacia atrás, entretenerse en otros estímulos externos y escribirlos en una libreta o iniciar una conversación son ejercicios de distracción que mantienen la atención en algo diferente a uno mismo. Este es el mejor consejo para que la crisis se atenúe y no llegue al ataque.
 

Recomiendo el recurrir a terapia psicológica pues en la mayoría de los casos los ataques de angustia o de pánico tienen una causa emocional pendiente que no fue resuelta de forma optima.

Dra. Laura Camacho Alfaro - Clínica Arvicana  Teléfono:  2560-8001

martes, 1 de mayo de 2012

Primero de Mayo

Buenos días, hoy estara cerrada las instalaciones de la Clínica Arvicana, nuevamente los estaremos atendiendo a partir del miercoles 02 de mayo en el horario regular.

lunes, 30 de abril de 2012

El Respeto

La palabra respeto proviene del latín respectus y significa “atención” o “consideración”. De acuerdo al diccionario de la Real Academia Española, el respeto está relacionado con la veneración o el acatamiento que se hace a alguien. El respeto incluye miramiento, consideración y deferencia.

El respeto es un valor que permite que el hombre pueda reconocer, aceptar, apreciar y valorar las cualidades del prójimo y sus derechos. Es decir, el respeto es el reconocimiento del valor propio y de los derechos de los individuos y de la sociedad.

El respeto no sólo se manifiesta hacia la actuación de las personas o hacia las leyes. También se expresa hacia la autoridad, como sucede con los alumnos y sus maestros o los hijos y sus padres.

El respeto permite que la sociedad viva en paz, en una sana convivencia en base a normas e instituciones. Implica reconocer en sí y en los demás los derechos y las obligaciones, por eso suele sintetizarse en la frase “no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”.

Por el contrario, la falta de respeto genera violencia y enfrentamientos. Cuando dicha falta corresponde a la violación de una norma o de una ley, incluso es castigada a nivel formal. Este castigo puede ser una multa económica o hasta el encarcelamiento.

Pero, ¿cómo reaccionamos cuando alguien nos afecta a nosotros directamente? ¿Dónde quedan la tolerancia y el respeto cuando el carro de adelante no arranca inmediatamente después de que ha cambiado el semáforo? ¿O cuando aquel que desesperado porque está en una emergencia, nos corta el paso en el tráfico?


El respeto hace una diferenciación total entre la persona y lo que ésta piense o diga en un momento dado. Nos lleva a aceptar nuestras diferencias personales, recordando que cada uno de nosotros tiene derecho a ser quien es.

Debemos recordar que cada ser es único y esta hecho a imagen y semejanza de Dios, por lo tanto merece nuestro respeto y consideración.


Como podemos fortalecer el respeto.

Aprende a escuchar.
Miremos con respeto a todas las personas que se cruzan en nuestro camino detengámonos unos segundos para saludarlas, mirémoslas a los ojos y deseémosle un buen día, o simplemente démosle las gracias con sentimiento. Deseémosle lo mejor desde el corazón.

Tomemos la decisión de aprender.
El que cree que ya lo sabe todo está estancado. El mundo cambia continuamente y nosotros con él, y cada persona o situación que se presentan en nuestra vida son oportunidades para aprender y crecer.

Colócate en los zapatos del otro.
Nadie hace cosas por fastidiar al otro; tú no sabes la situación difícil que otros pueden estar viviendo. De vez en cuando es necesario que trates de pensar y sentir como lo está haciendo la otra persona; es decir, desde su punto de vista. Extender nuestra comprensión hacia los demás, implica volvernos más compasivos.

No seas intransigente.
Que alguien tenga un defecto, que diga o haga cosas improcedentes no lo condena como persona, siempre podemos recapacitar o cambiar nuestra actitud o comportamiento. Por lo tanto, no rechaces, discrimines o maltrates a otros porque no hacen lo que tú deseas o esperas, ten más paciencia y comprensión.

Nadie es más ni menos que tú.
Sólo somos diferentes en lo personal. Llegamos a este mundo con limitaciones y condiciones más o menos difíciles para superar, resolver y de las cuales aprender, en eso radica todo. Acepta a los demás con sus defectos y cualidades sin juzgarlos con ligereza.

Enseña a tus hijos con el ejemplo.
En el proceso de enseñar a tu hijo como vivir, tu ejemplo es determinante. Eres tú quien enseña a tus hijos a través del respeto hacia ellos, de qué manera ellos te respetarán a ti y a otros. La próxima vez que vayas a entrar a su cuarto, toca la puerta antes de hacerlo; de esa manera, él tocará a tu puerta antes de entrar.

Cuando vivimos con respeto hacia los demás, nos volvemos más tolerantes, pacientes, comprensivos, cumplidores y responsables de nuestra participación en el mundo, y cuando nos volvemos respetuosos de nosotros mismos, establecemos límites con seguridad, nos valoramos más y confiamos en nuestra capacidad.


Dra. Laura Camacho Alfaro - Clínica Arvicana  Teléfono:  2560-8001

viernes, 27 de abril de 2012

La Buena Comunicación.

La comunicación es el medio para alcanzar el entendimiento mutuo y una buena interrelación. Constituye el vehículo de expresión de los afectos y las ideas.

Contribuye a la cohesión y la armonía conyugal y familiar. Si bien todos reconocemos que la comunicación es central y clave, no siempre resulta fácil aplicarla en forma eficiente y productiva.
Pensando en la comunicación con nuestra esposa y nuestros hijos, o nuestros padres, hermanos, pareja o amigos, aquí presentamos algunas estrategias para la buena comunicación, que abarcan las actitudes previas a la comunicación, y las que se dan durante el proceso.

Es muy importante desarrollar la habilidad de percibir las cosas según la perspectiva de la pareja, es decir, comprender según sus ideas y manera de sentir. Esta capacidad se denomina empatía. Si bien la voluntad de empatizar favorece la comunicación en toda circunstancia, el impacto es todavía mas significativo cuando se realiza en momentos en que el otro está experimentando dolor, pena, angustia o alguna otra vivencia amarga. Llegar en esas circunstancias adversas con una actitud comprensiva y solidaria (“Dime lo que te pasa”) contribuye grandemente a la unidad y a la comunicación.

A continuación unos breves consejos que le pueden ayudar a mejora rla comunicación:

a) Conocer las necesidades del otro, respetarlas cuando no son comunes y, de vez en cuando, ayudar a que se cubran.

b) Conocer los tiempos de diálogo del otro: uno puede ser mucho o poco hablador o puede tener facilidad o dificultades para expresar sus sentimientos. Por tanto, no hay que forzar, sino respetar esa manera de ser en la comunicación.

c) No dar por entendido algo, mejor decirlo aunque pueda ser obvio: "te quiero", "me preocupa tal cosa", etc.

d) El miedo a la reacción del otro no debe favorecer la falta de comunicación: ser sincero a pesar del posible "dolor" del otro. Mejor una mala verdad que una verdad oculta.

e)  Comunicar para informar y compartir con el otro, no para educarle.

F) Hay que buscar o crear la atmósfera propicia para que la comunicación pueda realizarse de forma adecuada sin elementos extraños o circunstancias perturbadoras.


Dra. Laura Camacho Alfaro - Clínica Arvicana  Teléfono:  2560-8001

miércoles, 25 de abril de 2012

Cuando debemos iniciar consulta Psicológica

Leyendo hace unos días la revista digital de la Fundación Eroski, en España,  escribieron un artículo sobre los temores y las dudas en cuanto a visitar al Psicólogo, es por ello que consideré oportuno compartirlo con todos ustedes, espero sea de su agrado.

"Para la mayoría de nosotros, nos causa dificultad saber cuándo debemos acudir al médico. Sin embargo, seguimos mostrando dudas y reticencias a la hora de dirigirnos a los psicólogo, sobre los que aún parece pesar el apelativo de loqueros.

Es por ello que todavía muchos asocian el acudir a un psicólogo con reconocer que se padecen graves desórdenes mentales que no son capaces de controlar y resolver. Otro freno para ir tranquilamente a la consulta del psicólogo es el reparo a comunicar a un desconocido nuestros problemas más íntimos. Mostrarnos tal cual somos, hablar de esas frustraciones, obsesiones, complejos, inseguridades o debilidades que tantos años llevamos ocultando o disimulando, poner en entredicho nuestra fortaleza mental, nuestra sensatez o lucidez, quedando casi a merced de alguien, exponernos al juicio de un especialista -para quien seremos sólo un caso más- se convierte en un duro trance que puede producirnos miedo cuando no terror. Y así, por unas u otras causas, y a pesar de que algo en nuestro interior nos revela que necesitamos ayuda especializada y que contar nuestras penas a familiares o amigos no es suficiente, nos demoramos demasiado en solicitar una cita con el psicólogo y lo hacemos cuando ya no podemos más y los síntomas de sufrimiento, de inestabilidad psicológica, han devenido en pesadilla. Este retraso, que puede suponer varios años e incluso décadas, puede agravar un problema que atendido a tiempo quizá se hubiera resuelto sin mayor dificultad.


Demorarnos en recurrir al psicólogo puede agravar un problema que, tratado a tiempo, podría haberse resuelto fácilmente

El psicólogo es un profesional especializado, un científico del comportamiento humano. Su trabajo lo desarrolla, cada día, con personas que se encuentran en un momento difícil de su vida o que se enfrentan a un problema que requiere el análisis y la asesoría -y a veces, la compañía, complicidad y apoyo- de un especialista. El psicólogo cuenta con herramientas metodológicas y con técnicas para realizar una evaluación, establecer un diagnostico y proponer un tratamiento para abordar los problemas de sus clientes y para ayudarles a entender los motivos de su malestar. Pero estos especialistas de la mente humana no sólo resultan útiles en situaciones críticas; bien al contrario, proporcionan recursos y estrategias para prevenir posibles problemas, y que nos ayudarán a sentirnos más estables y fuertes en el día a día.

Un matiz: en la consulta no es imprescindible abrir nuestra intimidad desde el primer momento; el cuándo y el qué contar al especialista es una opción personal. El ritmo del proceso de esa implicación y sinceridad que se requiere para que el psicólogo conozca las características y alcance de nuestro conflicto interno puede establecerlo el propio cliente, que actuará movido por su necesidad o por la decisión personal de contar al especialista lo que le ocurre. Esta comunicación fértil se produce normalmente en ese deseable clima de confianza y seguridad que surge cuando percibimos que el especialista nos garantiza confidencialidad y comprensión. Y cuando sabemos que no va a emitir, sobre nosotros, juicios que puedan herir nuestra sensibilidad. Las primeras impresiones, como la de haber sido escuchados y respetados y de sentirnos bien atendidos técnicamente, así como la de "conectar" con su forma de ser y con sus métodos y terapias, determinan en buena medida si el paciente optará por ese especialista e, incluso, el éxito del trabajo terapéutico a emprender.

Debemos aceptar que el tiempo no arregla nada.

Debemos acudir al psicólogo cuando detectamos que uno o varios problemas bloquean nuestra vida inundándola de sensaciones desagradables, impidiéndonos gozar de sus aspectos positivos o placenteros. Por aquello de creernos autosuficientes, pensamos que seremos capaces de "salir de ésta", y que lo que necesitamos es, simplemente, serenarnos y darle tiempo al tiempo. Pero estamos equivocados: el tiempo no arregla nada. Cosa bien diferente es que necesitemos que discurran semanas o meses para ejecutar los comportamientos que nos ayuden a resolver los problemas.

Pedir es tan necesario como dar: forman el anverso y reverso de la misma moneda, que es la vida. No confundamos la autonomía a la hora de gestionar nuestras vidas con la negativa a solicitar la ayuda de otras personas para conducir esas acciones a buen puerto. El psicólogo no es un brujo que cura los males de nuestra psique, sino simplemente un experto en salud mental que actúa como asesor y acompañante y que intentará ayudarnos a que consigamos (siempre por nosotros mismos y desde nosotros mismos) las deseadas seguridad y estabilidad, propiciando un mejor discernimiento en la búsqueda de soluciones y potenciando nuestra autoestima.

Resumiendo debemos acudir al psicólogo cuando...

a) Sintamos que la tristeza, la apatía y la falta de ilusión empiezan a agobiarnos y a emitirnos el siempre equivocado mensaje de que nuestras vidas carecen de sentido.

b) El negro o el gris tiñen frecuentemente nuestros pensamientos y nos vemos incapaces de encontrar algo positivo en nuestras vivencias cotidianas.
c) Todo a nuestro alrededor lo percibimos amenazante y nos sentimos solos, incomprendidos o desatendidos.
Pensamos que la desgracia se ha cebado en nosotros y comenzamos a asumir que todo nos sale mal y que las cosas no van a cambiar.
d) Estamos atenazados por miedos que nos impiden salir a la calle, relacionarnos con otras personas, permanecer en un sitio cerrado, hablar en público, viajar, etc.. Es decir, cuando el temor o la inseguridad nos impiden desarrollar nuestras habilidades y disfrutar de personas, animales y cosas que nos rodean.
e) La obsesión por padecer graves enfermedades o contagiarnos de ellas nos lleva a conductas extrañas y repetitivas, de las que no podemos prescindir sin que su ausencia nos genere ansiedad.
f) Nos sentimos "con los nervios rotos" y casi cualquier situación hace que perdamos el control y sólo sepamos responder con agresividad o con un llanto inconsolable.
g) Nos damos cuenta de que fumar, beber o consumir cualquier otra droga, apostar..., se ha convertido en una adicción de la que no sabemos salir y que genera perjuicios importantes en nuestra vida o en la que de quienes nos rodean.
h) El estrés empieza a mostrarse a través de sus síntomas psicosomáticos: insomnio, problemas digestivos, cardiovasculares, sexuales......
i) La ansiedad es una constante diaria, que impide la estabilidad y serenidad necesarias para mantener un pensamiento positivo, una conducta tranquila y el goce de los pequeños placeres cotidianos.
j) Los silencios, los desplantes o los gritos sustituyen al diálogo, y los problemas de comunicación enturbian nuestra relación con los demás.
k) Las dificultades sexuales afloran y vivimos la angustia que causan la impotencia, la falta de deseo o de sensaciones eróticas y, sobre todo, la imposibilidad de gozo y comunicación con la persona destinataria de  nuestro amor.

Pedir es tan necesario como dar. No confundamos la autonomía a la hora de gestionar nuestras vidas con la negativa a solicitar la ayuda de otras personas para conducir esas acciones a buen puerto. El psicólogo no es un brujo que cura los males de nuestra psique, sino simplemente un experto en salud mental que actúa como asesor y acompañante y que intentará ayudarnos a que consigamos (siempre por nosotros mismos y desde nosotros mismos) las deseadas seguridad y estabilidad, propiciando un mejor discernimiento en la búsqueda de soluciones y potenciando nuestra autoestima."



Dra. Laura Camacho Alfaro - Clínica Arvicana  Teléfono:  (506) 2560-8001

domingo, 22 de abril de 2012

Horarios de Atención y dirección

Horario de atención: Lunes a Viernes de 4:00 PM a 7:00 PM

Sabados de 8:00 AM a 1:00 PM

Teléfono:  (506) 2560-8001

Dirección: Heredia Centro, de la esquina sureste del Nuevo Hospital, 50 sur y 180 oeste.