viernes, 22 de junio de 2012

Estrés Laboral

De acuerdo con la rama de la psicología, el estrés suele hacer referencia a ciertos acontecimientos en los cuáles nos encontramos con situaciones que implican demandas fuertes para el individuo, que pueden agotar sus recursos de afrontamiento.

Según Selye (1956). El estrés se entiende como:

• como reacción o respuesta del individuo (cambios fisiológicos, reacciones emocionales, cambios conductuales, etc.)

• como estímulo (capaz de provocar una reacción de estrés)

• como interacción entre las características del estímulo y los recursos del individuo.

La Organización Mundial de la Salud (1.994), define el estrés como el "conjunto de reacciones fisiológicas que preparan el organismo para la acción". Si aplicamos el concepto al ámbito de trabajo de los individuos podríamos ajustar la definición de estrés como "el desequilibrio percibido entre las demandas profesionales y la capacidad de la persona para llevarlas a cabo".

Como vemos, hay diversas definiciones de estrés, lo que si tenemos claro es que se da, que las causas con varias y efectivamente pueden afectar nuestra interacción a nivel social, familiar, pero sobre todo laboral. Es en el lugar de trabajo, donde pasamos la mayor parte de nuestro tiempo, por ende es importante que no sintamos cómodos con las condiciones que nos rodean.

El tratamiento de las enfermedades por estrés laboral deberá siempre dirigirse a erradicarlo a través de controlar los factores o las fuerzas causales del mismo. El criterio general que pretende curar la enfermedad en forma aislada mediante tratamiento paliativo de las alteraciones emocionales o reparación de las lesiones orgánicas es sumamente simplista, limitado y poco racional. Así, el tratamiento contra el estrés deberá ser preventivo y deberá lograrse ejerciendo las acciones necesarias para modificar los procesos causales.

DESENCADENANTES DEL ESTRÉS LABORAL:

• Sobrecarga laboral: que representa la asignación excesiva de actividades a un trabajador.

• Relaciones Interpersonales: en un empleado, es la interacción cotidiana que tiene lugar diariamente entre los miembros de un grupo de trabajo, miembros de un mismo departamento o miembros de una empresa.

• Conflicto de roles: acontece cuando una persona de su medio ambiente de trabajo le comunica unas ciertas expectativas de cómo él debería comportarse, y esta expectativa dificulta o imposibilita cumplir con otra.

Tipos de conflictos de roles:

• Intra – demandante: Es cuando el supervisor o una persona que dirige, comunica expectativas incompatibles e incongruentes entre sí.

• Inter – demandante: Ocurre cuando dos o más personas comunican expectativas de rol incompatibles.

• Conflicto persona- rol: Cuando una incompatibilidad entre los valores de un individuo o sus creencias y las expectativas. Esta forma de conflicto pone al individuo en directa oposición a las conductas que otros esperan.

• Conflicto inter-rol: Sucede cuando los requerimientos de un rol son incompatibles por la misma persona.

• Antigüedad del rol: Sucede cuando hay una inadecuada información sobre el rol esperado. Dicha información es poco clara y confusa acerca de las expectativas del rol (conductas), así como también cuando hay confusión en cuanto cuales son las conductas de las que dispone el sujeto para satisfacer las expectativas del rol y poca certeza acerca de las consecuencias de ciertas conductas rol.

• Interferencia en el desempeño que son aquellos obstáculos organizacionales que impiden o dificultan el cumplimiento de las actividades de un trabajador.
CONSECUENCIAS DEL ESTRÉS LABORAL:

1. Algunas consecuencias del estrés laboral a nivel individual son: (Cano, 2002)

a. A nivel cognitivo-subjetivo:

• Preocupación.
• Temor.
• Inseguridad.
• Dificultad para decidir.
• Miedo.
• Pensamientos negativos sobre uno mismo.
• Pensamientos negativos sobre nuestra actuación ante los otros.
• Temor a que se den cuenta de nuestras dificultades.
• Temor a la pérdida del control.
• Dificultades para pensar, estudiar, o concentrarse, etc.

b. A nivel fisiológico:

• Sudoración.
• Tensión muscular.
• Palpitaciones.
• Taquicardia.
• Temblor.
• Molestias en el estómago, otras molestias gástricas.
• Dificultades respiratorias.
• Sequedad de boca.
• Dificultades para tragar.
• Dolores de cabeza.
• Mareo.
• Náuseas.
• Tiritar, etc.

c. A nivel motor u observable:

• Evitación de situaciones temidas.
• Fumar, comer o beber en exceso.
• Intranquilidad motora (movimientos repetitivos, rascarse, tocarse, etc.).
• Ir de un lado para otro sin una finalidad concreta.
• Tartamudear.
• Llorar.
• Quedarse paralizado, etc.



2. A nivel laboral:

• Elevado absentismo.
• Frecuentes incapacidades.
• Rotación elevada de los puestos de trabajo
• Aumento de la siniestralidad.
• Dificultades de relación.
• Mediocre calidad de productos y servicios.
Normas básicas para prevenir el estrés

Algunas medidas preventivas son:(Banchs, 1997)

• Facilitar una descripción clara del trabajo que hay que realizar, de los medios materiales de que se dispone y de las responsabilidades.

• Asegurarse de que las tareas sean compatibles con las capacidades y recursos de los individuos.

• Controlar la carga de trabajo.

• Establecer rotación de tareas y funciones en actividades monótonas y en las que entrañan una exigencia de producción muy elevada.

• Proporcionar el tiempo que sea necesario para realizar la tarea de forma satisfactoria, evitando prisas y plazos de entrega ajustados.

• Favorecer iniciativas de los individuos en cuanto al control y el modo de ejercer su actividad.

• Explicar la función que tienen el trabajo de cada individuo en relación con toda la organización.

• Diseñar horarios laborales que no entren en conflicto con las responsabilidades no relacionadas con el trabajo.

• Evitar ambigüedades en cuestiones como la duración del contrato de trabajo y el desarrollo de la promoción profesional.

• Fomentar la participación y la comunicación en la empresa a través de los canales que sean más idóneos para cada organización.

La prevención y atención del estrés laboral constituyen un gran reto, los criterios para contrarrestarlo deberán ser organizacionales y personales.

“Una máquina puede hacer el trabajo de 50 hombres corrientes… Pero no existe ninguna máquina que pueda hacer el trabajo de un hombre extraordinario” Elbert Hubbard

lunes, 18 de junio de 2012

Como se expresan las emociones.


Por: Nuria Llavina Rubio

¿Es lo mismo una cara de enfado en una persona de origen oriental que en una de origen occidental? Según una de las hipótesis más aceptadas en biología y ciencias sociales, debería serlo. No obstante, parece que la manifestación y la intensidad de las seis emociones básicas (alegría, sorpresa, repugnancia, ira, miedo y tristeza) no serían tan universales como se ha creído hasta ahora. Los resultados de un estudio realizado en Reino Unido muestran que podrían percibirse de manera diferente en función de la cultura de la persona.

El estudio ha llegado a la conclusión de que la expresión de las emociones podría no ser una cuestión innata, sino más bien cultural. En otras palabras, abrir bien los ojos y la boca en la otra punta del mundo puede servir de bien poco si los habitantes de ese lugar no saben identificar la expresión facial de sorpresa. 

Estas conclusiones contradicen la hipótesis más aceptada en biología y ciencias sociales desde que Darwin escribiera 'La expresión de las emociones en el hombre y en los animales', en 1872. En él, establecía que las expresiones faciales de las seis emociones básicas (alegría, sorpresa, repugnancia, ira, miedo y tristeza) son universales e innatas. 

Las personas de origen occidental distinguen las seis emociones básicas, mientras que los orientales superponen algunas de ellas 

El estudio, publicado en la revista “Proceedings of the National Academy of Sciences”, investigadores del Instituto de Neurociencias y Psicología de la Universidad de Glasgow (Reino Unido) señalan que la comunicación de las emociones ha evolucionado y mejorado, en el contexto de interacción social. En el trabajo contaron con participantes occidentales y orientales. Los primeros distinguían las seis emociones básicas, mientras que los orientales superponían algunas de ellas. 

Los orientales confundieron sobre todo la sorpresa, el miedo, el asco y la ira. La explicación podría estar en que estos tienden a fijarse en los ojos para reconocer el grado de alegría, miedo, repugnancia e ira en una persona. Los occidentales, en cambio, deducen la magnitud de la emoción por otros músculos faciales, sobre todo, los relacionados con la expresión de la boca. 

Ojos y boca, centro de las emociones 

Los miembros de una misma familia muestran gestos parecidos de alegría, enfado o tristeza 

A esta conclusión llegaron los mismos científicos hace unos años, en un trabajo que en ese momento publicaron en la revista “Current Biology”. A consecuencia de ello, los nipones pueden caer en más malentendidos, puesto que ante un rostro mínimamente ambiguo suelen confundirse en gran parte de las ocasiones. Para constatar su hipótesis, en el estudio reciente, los investigadores contemplaron un elemento contemporáneo: los emoticonos, una secuencia de caracteres que, en un principio, representan una cara humana y se utilizan para expresar emociones en el correo electrónico, foros, SMS y en los chats. 

Los autores recordaron que esta diferenciación cultural en la manera de interpretar las caras entre occidentales y asiáticos también se ve en los emoticonos: los asiáticos ofrecen rasgos mucho más marcados en la parte superior de la cara, sobre todo en los ojos, mientras que los occidentales subrayan la parte inferior, sobre todo la boca. 

Las emociones: ¿culturales o innatas?

El ámbito de las emociones no es una ciencia exacta. Desde Darwin, el estudio de las expresiones universales ha preocupado a la comunidad científica, entre los que destacan Paul Ekman, psicólogo pionero en el estudio de las emociones y su relación con la expresión facial, y Ray Birdwhistell, antropólogo fundador de la kinésica o la interpretación de los movimientos corporales. Ekman considera que, en efecto, hay gestos universales: las personas de todo el mundo se ríen cuando están alegres o quieren parecerlo, y fruncen el ceño cuando están enojados o pretenden estarlo. El papel de la cultura es disimularlos, exagerarlos, ocultarlos o suprimirlos por completo. Birdwhistell, en cambio, sostiene que a pesar de que algunas expresiones anatómicas son similares en todas las personas, el significado difiere según la cultura a la que pertenezcan. 

Igual que Ekman, la mayor parte de los científicos considera que, como mínimo, algunas expresiones sí son universales. La prueba más citada por quienes sostienen tal afirmación es el estudio realizado en niños ciegos de nacimiento. Se ha comprobado que todos los recién nacidos expresan una especie de sonrisa a partir de las cinco semanas de vida, incluso si son ciegos. Los niños ciegos de nacimiento también ríen, lloran, fruncen el ceño y adoptan expresiones típicas de ira, temor o trsiteza.  

Otro estudio, publicado en la revista “Journal of Personality and Social Psychology” y realizado por investigadores de la Universidad de San Francisco (EE.UU.), se centró en deportistas paralímpicos ciegos de nacimiento. 

En el momento de recoger las medallas, un 85% de los ganadores mostró sonrisas sociales, que se basan en usar solo los músculos de alrededor de la boca (la sonrisa verdadera hace que los ojos brillen y se entrecierren, mientras los pómulos suben). Por último, una investigación llevada a cabo por la Universidad de Haifa (Israel, 2006) aseguraba que las caras de alegría, enfado o tristeza pueden heredarse y que los miembros de una misma familia muestran gestos parecidos. La mayor correlación, además, se da con las emociones negativas. 

EMOCIONES Y EXPRESIONES FACIALES UNIVERSALES

Pau Ekman definió seis gestos universales, aunque años más tarde los amplió a 17. Estos fueron los primeros:
  • Alegría: se produce mediante la contracción del músculo que va del pómulo al labio superior y del orbicular que rodea al ojo. Las mejillas se elevan.

  • Tristeza: se manifiesta cuando los párpados superiores caen y las cejas se angulan hacia arriba. El entrecejo se arruga y los labios se estiran de forma horizontal.

  • Ira: mirada fija, cejas juntas y hacia abajo y tendencia a apretar los dientes.

  • Sorpresa: los párpados superiores suben, pero los inferiores no están tensos. La mandíbula suele caer.

  • Asco: ligera contracción del músculo que frunce la nariz y estrecha los ojos. El gesto de la nariz arrugada es simultáneo al de la elevación del labio superior.

  • Miedo: sigue a la sorpresa. Párpados superiores elevados al máximo e inferiores tensos. Las cejas levantadas se acercan. Los labios se alargan hacia atrás. 

"Como las emociones son estados mentales, el método para manejarlas debe venir de adentro nuestro. No existe otra alternativa. No pueden ser liberadas por técnicas externas"
                                                                                                Dalai Lama                
                                                                                            
 

viernes, 15 de junio de 2012

La Importancia del Padre en la psicología del niño

En la actualidad, enfrentamos la falta de tiempo de los padres en la crianza y educación de sus hijos, este fenómeno lo vemos principalmente con el padre de familia, por tanto se hace imprescindible reflexionar sobre éste en el ceno del hogar y su aporte al desarrollo de sus pequeños.

Se habla mucho de la importancia de la mujer como esposa, como madre, como trabajadora, como responsable de la vida pública... En cambio, se habla poco del varón como esposo, como padre, como trabajador, etc.

Si, ser madre no es fácil, pero ser padre tampoco. Las dos figuras están unidas de modo inseparable: no puede haber madre sin padre, ni padre sin madre. Y ni mamá puede ser papá y mamá; ni papá puede tampoco cumplir ambos roles en la vida de un infante. Se es uno o se es otro.

El embarazo, ciertamente, es una aventura sobre todo para la mujer. En esa travesía la nueva madre, llevará con más alegría y confianza el peso y las alegrías de esos 9 meses si su pareja está allí, tierno, fiel, servicial, dispuesto incluso a cocinar y a lavar los platos...
Hoy sabemos que en las últimas etapas del embarazo el niño se orienta en el útero de un modo o de otro según escuche a mamá o a papá. El feto percibe si la voz del padre es tensa o polémica, o si es cariñosa y confortante, y su psicología queda ya marcada por estas primeras experiencias prenatales.

Si antes de nacer el padre entra en la vida del niño, su influjo se hace enorme, aunque no se dé cuenta, cuando el bebé es todavía un montón de ropa y un poquito de carne y ojos... Papá será visto como el buen amigo de mamá, una fuente de paz y de alegría, un rostro sonriente, unos bigotes o unas mejillas agradables, una mirada llena de cariño. Sin saberlo, el padre confirma el mensaje constante que toda madre da a su bebé: la vida es hermosa si nos aman... Algunos padres se quejan de que en los primeros meses de vida del niño, han perdido parte del cariño de su pareja.

Es normal que la mujer se “vuelque” sobre el bebé que ha llevado durante meses tan cerca de su corazón. En este momento papá lejos de sentir celos debe de involucrarse más en el cuidado no solo de su pareja, sino también del bebé. De este modo, la mujer, que se siente más liberada, puede dedicar el tiempo ahorrado en el niño, para “invertirlo” como cariño hacia el “esposo celoso”.

Posteriormente, en toda la vida infantil, el padre tiene un papel imprescindible. No es bueno que le deje a su mujer todo el peso de la formación del niño. Es justo recordar, que el padre no tiene que asumir un papel “unisex”, como si diese lo mismo ser madre o ser padre. El niño necesita dos modelos distintos.

Percibe la diferencia entre papá y mamá, diferencia que ayuda a desarrollar una sana psicología. De este modo, si encuentra en casa a padres (papá y mamá) bien definidos, que saben vivir en un clima de respeto y de cariño como soñamos en cualquier matrimonio feliz, le resultará mucho más fácil integrarse en el mundo de los mayores en ese binomio hombre-mujer que es la raíz del amor de los esposos y que ha permitido el nacimiento de cada uno de nosotros.

Resulta obvio que el padre tiene que “aparecer por casa” para poder ser modelo. Un padre que todo el día está fuera, que vive para su trabajo, que se “realiza” en sus éxitos profesionales o, por desgracia, en sus diversiones y sus hobbies extra familiares, no podrá ser modelo: será sólo un satélite que los hijos ven llegar y salir con más o menos velocidad. Un padre invisible es poco “padre”... El trabajo es importante, pero es mucho más importante el tiempo dedicado a la familia. Desde luego, esto vale también para la mujer en aquellas sociedades en las que el trabajo profesional puede no dejarle casi tiempo para estar en casa con los hijos.

Lamentablemente es común escuchar comentarios de los hijos tales como:

• ¡Papá llega muy tarde a casa!

• ¡Papá no me ha firmado aún la nota que debo entregar en la escuela!

• ¡Cuando papá está molesto grita y rompe cosas!

Tomando en cuanta lo anterior podemos determinar que estar en casa no basta. El tiempo que se pasa con la familia tiene que ser “de calidad”. Los niños notan enseguida si sus padres se quieren, o si se han convertido en rivales. Cuando al llegar a casa el padre contradice a la madre, o la madre les susurra a los niños: “cuando se vaya papá, haremos lo que yo diga”, se comprende que un grave naufragio amenaza a toda la familia.

En la educación del niño resulta importante, además, que la autoridad de los padres sea algo compartido. Si la madre permanece normalmente en casa (y esto no es discriminarla), el niño tiene que ver reflejado en el padre todo lo que ella le va enseñando: espíritu de trabajo, sinceridad, alegría, diálogo, capacidad de perdonar.

De nada sirve decir “no pongas los pies sobre la mesa” si luego llega papá y pone sus “lindos” zapatos sobre la mesa de la discordia. Por lo mismo, el diálogo entre la pareja es fundamental.

Resulta triste la vida de familia cuando los hijos pueden aprovechar la guerra civil entre los padres para conseguir lo que quieran con ella o con él.

Si los dos trabajan, ¡qué importante es que pueda haber siempre uno en casa! Y mucho más importante es que haya momentos en que estén los dos al mismo tiempo.

Tanto para el niño como para la niña, la figura paterna es sumamente importante y va a determinar el curso de su vida de acuerdo a como haya sido la interacción con este.

Consecuencias de la ausencia de la figura paterna:

a- Pérdida de contacto afectivo con los hijos, la comunicación con el padre, compartir, jugar es fundamental en el construcción del aparato psíquico del niño y por supuesto del desarrollo y curso de su autoestima.

b- Pérdida de la dinámica familiar, imprescindible para que el niño forme su propio concepto de familia, el ejemplo que el niño reciba del padre en este punto, le va a permitir una sana relación con las personas del sexo opuesto.

c- Conductas agresivas, por lo general, cuando el padre está fuera de la familia, el niño tiende a mostrar también, insomnio, rabietas, angustia de separación por la madre, pérdida de control de esfínteres, temores, fobias entre otros.

Nadie dijo que la paternidad eran unas vacaciones en las que desocupar la responsabilidad y descansar son su punto medular. Ser padres es duro a veces, es cansado, es un ejercicio de maduración doloroso, de forma consciente, va a ser la aventura más hermosa de la vida; el hecho de estar fuera del hogar no debe impedir nunca al padre poder vivir esta aventura a plenitud y colaborar en el desarrollo socio-afectivo y educación de sus hijos.

“No me cabe concebir ninguna necesidad tan importante durante la infancia de una persona, que la necesidad de sentirse protegido por un padre” Sigmund Freud

miércoles, 13 de junio de 2012

Carta de un Hijo a sus Padres


  • No me des todo lo que pido. A veces sólo pido para ver hasta cuánto puedo coger.
  • No me grites. Te respeto menos cuando lo haces, y me enseñas a gritar a mí también, y yo no quiero hacerlo.
  • No me des siempre órdenes. Si en vez de órdenes a veces me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido y con más gusto. 
  • Cumple las promesas, buenas o malas. Si me prometes un premio dámelo, pero también si es castigo. 
  • No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o hermana. Si tú me haces lucir mejor con los demás, alguien va a sufrir, y si me haces lucir peor que los demás, seré yo quien sufra. 
  • No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer, decide y mantén esa decisión. 
  • Déjame valerme por mí mismo, si tú haces todo por mí, yo nunca podré aprender. 
  • No digas mentiras delante de mí, ni me pidas que las diga por tí, aunque sea para sacarte de un apuro, me haces sentir mal y perder la fe en lo que me dices. 
  • Cuando yo hago algo malo, no me exijas que te diga el "por qué" lo hice. A veces ni yo mismo sé. 
  • Cuando estás equivocado en algo, admítelo y crecerá la opinión que yo tengo de tí y me enseñarás a admitir mis equivocaciones también. 
  • No me digas que haga una cosa y tú no la haces. 
  • Yo aprenderé y seré siempre lo que tú hagas aunque no lo digas. Pero nunca haré lo que tú digas y no lo hagas. 
  • Enséñame a amar y a conocer a Dios, no importa si en el colegio me quieren enseñar, porque de nada vale, si yo veo que tú ni conoces ni amas a Dios. 
  • Cuando te cuente un problema mío no me digas: "No tengo tiempo para boberías" o "eso no tiene importancia", trata de comprenderme y ayudarme. 
  • Quiéreme y dímelo. A mí me gusta oírtelo decir aunque tú no creas necesario decírmelo. 

La Autoestima de los Hijos


¿Qué es la autoestima?
Autoestima es aquella imagen que formamos de nosotros mismos, a esta imagen podemos darle un valor, ya sea positivo o negativo.
Lo anterior va a derivar de nuestras experiencias con nuestros padres, hermanos, amigos cercanos, maestros, profesores y la sociedad en general.
Todos construimos una imagen propia, esto es ineludible, ya sea mi imagen como padre, como esposa, como estudiante, como novia, como trabajador, entre otras.  De la misma manera, el niño va formando su propia imagen;  como estudiante, como amigo, como hijo.  Por tanto y como se explica, no hay un solo tipo de autoestima.
La autoestima no es algo genético, no es algo que traemos al nacer, es una construcción que vamos gestando a partir de nuestras diversas experiencias e interacciones con el entorno.  La buena noticia, es que al ser algo que construimos, que aprendemos, es una circunstancia que pude ser modificada, lo que indica que no necesariamente una persona va a tener su autoestima baja toda su vida y viceversa.
Es normal que algunas circunstancias o el paso por las diferentes etapas de nuestra vida puedan desestabilizar nuestra autoestima, un ejemplo muy claro, es la etapa de la adolescencia.
Los primeros cuatro años de vida y la adolescencia, son periodos críticos en la formación de la autoestima del ser humano.
Se puede analizar la autoestima en tres diferentes dimensiones: 
  • El nivel: se refiere a si esta es alta o baja.
  • El valor/dirección: hace énfasis en si es positiva o negativa.
  • El contexto: tiene que ver con la formación, contexto social y cómo influye.
 
Cuando nos referimos al tema de autoestima, no basta con hacer referencia a si es alta o baja, es necesario también tener claro si esta es positiva o negativa.  Lo ideal es que las personas tengan una autoestima alta y positiva.  Algunos estudios revelan que los delincuentes tienen autoestima alta, pero negativa.

Formación de la autoestima:
Vas a depender de las diferentes experiencias que acumulemos en la interacción con nuestros padres, amigos, hermanos, familia, escuela, maestros y demás. 
·      Entre los 0 y los 2 años (primera infancia): Empezamos con algo tan sencillo, tan natural y primario, como el contacto físico. Cuanto más contacto con el bebé hay un mejor crecimiento y desarrollo, estimulamos sus sentidos y se sienten queridos. Los ambientes distantes, las relaciones frías, y no digamos ya las hostiles, provocan niños más inestables y que “se quieren” menos. Tocar al bebé es clave para su desarrollo, y una fuente de beneficios para todos.
 
·      En los niños de 2 a 6 años (segunda infancia):   La autoestima se basa especialmente, en su percepción de aceptación por parte de sus padres y en menor medida de sus iguales.  Los padres desempeñan la función de ser espejos de sus hijos en su autovaloración de sí mismos.  Por eso, es importante que las correcciones se hagan sobre la acción y no sobre la persona, evitando calificaciones personales.  Es más positivo decide: ” Tu cuarto esta desordenado ” que sos un desordenado”, ” Hoy llegaste a tiempo” en vez de decirle “sos un impuntual”.  Esto es importante porque si las personas más significativas son sus padres y ellos son el espejo donde él se mira y estos padres continuamente lo califican en negativo, es probable que el niño se vea como un desordenado, impuntual, inútil, malo y no digno de afecto.
 
·      Entre los 6 y 12 años (tercera infancia): En la formación de la autoestima entran otras dimensiones como: el aspecto y la competencia física, la competencia académica y la competencia social.  El entorno social del niño se amplia y aparecen nuevas figuras significativas:  sus maestros y compañeros de escuela.  Sin embargo los padres o tutores siguen jugando un papel fundamental en el proceso educativo del niño en edad escolar, desde el punto de vista del desarrollo de su autoestima, auto control y sentido de trascendencia.
 
¿Quiere que su hijo desarrolle una autoestima alta y positiva?
  • Revise su propia autoestima, lo que la ha favorecido u obstaculizado. 

  • Ante su hijo y lejos de él sea siempre veraz y genuino. 

  • Comparta su valioso tiempo con su hijo. 

  • Acepte a su hijo como es y no como usted cree que debería ser. 

  • Háblele en forma positiva. 

  • Evite gritarle, si está muy molesto (a), retírese.

  • Respete a su hijo: escúchele con interés, mírelo cuando Ie habla, deje lo que está haciendo o dígale que en ese momento no puede prestar la atención que se merece, que espere un momento.

  • No lo etiquete: censure la conducta no al niño o joven. 

  • Demuestre confianza en él, de modo que pueda creer en sí mismo.

  • Dele responsabilidades para que tenga oportunidad de desarrollar sus capacidades.

  • No lo sobreproteja, no lo supla. Ayúdelo. No lo deje hacer cosas que están por encima de su capacidad.

  • Evite compararlo con sus compañeros, amigos, hermanos o primos. 

  • No interfiera cuando esté tratando de resolver el solo un problema. Deje que se equivoque.

  • Ante un pedido de permiso explique el porqué si y el porqué no. 

  • Enfatice sus progresos y habilidades: estimular es más importante que elogiar. EI estimulo fomenta la cooperación, el elogio, la recompensa.

  • Reconozca y valorice sus esfuerzos y no solo sus logros finales. 

  • No lo avergüence en público. Si debe corregirlo, hágalo en privado, no frente a sus hermanos y amigos.
 
“El amor a uno mismo es el punto de partida del crecimiento de la persona que siente el valor de hacerse responsable de su propia existencia”   
Viktor Frankl
 
 
Dra. Laura Camacho Alfaro
Licenciada en Psicología
Clínica Arvicana
Tél. 2560-8001

lunes, 11 de junio de 2012

Cuando debemos iniciar consulta Psicológica

Durante la semana pasada recibi bastantes consultas de lectores y pacientes quienes me decían cuando era el momento para iniciar la consulta psicológica, es por ello que consideré oportuno remitirles nuevamente esta publicación que les puede aclarar cuando debemos iniciar consulta psicológica.

"Para la mayoría de nosotros, nos causa dificultad saber cuándo debemos acudir al médico. Sin embargo, seguimos mostrando dudas y reticencias a la hora de dirigirnos a los psicólogo, sobre los que aún parece pesar el apelativo de loqueros.

Es por ello que todavía muchos asocian el acudir a un psicólogo con reconocer que se padecen graves desórdenes mentales que no son capaces de controlar y resolver. Otro freno para ir tranquilamente a la consulta del psicólogo es el reparo a comunicar a un desconocido nuestros problemas más íntimos. 

Mostrarnos tal cual somos, hablar de esas frustraciones, obsesiones, complejos, inseguridades o debilidades que tantos años llevamos ocultando o disimulando, poner en entredicho nuestra fortaleza mental, nuestra sensatez o lucidez, quedando casi a merced de alguien, exponernos al juicio de un especialista -para quien seremos sólo un caso más- se convierte en un duro trance que puede producirnos miedo cuando no terror. Y así, por unas u otras causas, y a pesar de que algo en nuestro interior nos revela que necesitamos ayuda especializada y que contar nuestras penas a familiares o amigos no es suficiente, nos demoramos demasiado en solicitar una cita con el psicólogo y lo hacemos cuando ya no podemos más y los síntomas de sufrimiento, de inestabilidad psicológica, han devenido en pesadilla. Este retraso, que puede suponer varios años e incluso décadas, puede agravar un problema que atendido a tiempo quizá se hubiera resuelto sin mayor dificultad.


Demorarnos en recurrir al psicólogo puede agravar un problema que, tratado a tiempo, podría haberse resuelto fácilmente

El psicólogo es un profesional especializado, un científico del comportamiento humano. Su trabajo lo desarrolla, cada día, con personas que se encuentran en un momento difícil de su vida o que se enfrentan a un problema que requiere el análisis y la asesoría -y a veces, la compañía, complicidad y apoyo- de un especialista. El psicólogo cuenta con herramientas metodológicas y con técnicas para realizar una evaluación, establecer un diagnostico y proponer un tratamiento para abordar los problemas de sus clientes y para ayudarles a entender los motivos de su malestar. Pero estos especialistas de la mente humana no sólo resultan útiles en situaciones críticas; bien al contrario, proporcionan recursos y estrategias para prevenir posibles problemas, y que nos ayudarán a sentirnos más estables y fuertes en el día a día.

En la consulta no es imprescindible abrir nuestra intimidad desde el primer momento; el cuándo y el qué contar al especialista es una opción personal. El ritmo del proceso de esa implicación y sinceridad que se requiere para que el psicólogo conozca las características y alcance de nuestro conflicto interno puede establecerlo el propio cliente, que actuará movido por su necesidad o por la decisión personal de contar al especialista lo que le ocurre. Esta comunicación fértil se produce normalmente en ese deseable clima de confianza y seguridad que surge cuando percibimos que el especialista nos garantiza confidencialidad y comprensión. 

Y cuando sabemos que no va a emitir, sobre nosotros, juicios que puedan herir nuestra sensibilidad. Las primeras impresiones, como la de haber sido escuchados y respetados y de sentirnos bien atendidos técnicamente, así como la de "conectar" con su forma de ser y con sus métodos y terapias, determinan en buena medida si el paciente optará por ese especialista e, incluso, el éxito del trabajo terapéutico a emprender.

Debemos aceptar que el tiempo no arregla nada.

Debemos acudir al psicólogo cuando detectamos que uno o varios problemas bloquean nuestra vida inundándola de sensaciones desagradables, impidiéndonos gozar de sus aspectos positivos o placenteros. Por aquello de creernos autosuficientes, pensamos que seremos capaces de "salir de ésta", y que lo que necesitamos es, simplemente, serenarnos y darle tiempo al tiempo. Pero estamos equivocados: el tiempo no arregla nada. Cosa bien diferente es que necesitemos que discurran semanas o meses para ejecutar los comportamientos que nos ayuden a resolver los problemas.

Pedir es tan necesario como dar: forman el anverso y reverso de la misma moneda, que es la vida. No confundamos la autonomía a la hora de gestionar nuestras vidas con la negativa a solicitar la ayuda de otras personas para conducir esas acciones a buen puerto. El psicólogo no es un brujo que cura los males de nuestra psique, sino simplemente un experto en salud mental que actúa como asesor y acompañante y que intentará ayudarnos a que consigamos (siempre por nosotros mismos y desde nosotros mismos) las deseadas seguridad y estabilidad, propiciando un mejor discernimiento en la búsqueda de soluciones y potenciando nuestra autoestima.

Resumiendo debemos acudir al psicólogo cuando...

a) Sintamos que la tristeza, la apatía y la falta de ilusión empiezan a agobiarnos y a emitirnos el siempre equivocado mensaje de que nuestras vidas carecen de sentido.

b) El negro o el gris tiñen frecuentemente nuestros pensamientos y nos vemos incapaces de encontrar algo positivo en nuestras vivencias cotidianas.
 
c) Todo a nuestro alrededor lo percibimos amenazante y nos sentimos solos, incomprendidos o desatendidos.
Pensamos que la desgracia se ha cebado en nosotros y comenzamos a asumir que todo nos sale mal y que las cosas no van a cambiar.
 
d) Estamos atenazados por miedos que nos impiden salir a la calle, relacionarnos con otras personas, permanecer en un sitio cerrado, hablar en público, viajar, etc.. Es decir, cuando el temor o la inseguridad nos impiden desarrollar nuestras habilidades y disfrutar de personas, animales y cosas que nos rodean.
 
e) La obsesión por padecer graves enfermedades o contagiarnos de ellas nos lleva a conductas extrañas y repetitivas, de las que no podemos prescindir sin que su ausencia nos genere ansiedad.
 
f) Nos sentimos "con los nervios rotos" y casi cualquier situación hace que perdamos el control y sólo sepamos responder con agresividad o con un llanto inconsolable.
 
g) Nos damos cuenta de que fumar, beber o consumir cualquier otra droga, apostar..., se ha convertido en una adicción de la que no sabemos salir y que genera perjuicios importantes en nuestra vida o en la que de quienes nos rodean.
 
h) El estrés empieza a mostrarse a través de sus síntomas psicosomáticos: insomnio, problemas digestivos, cardiovasculares, sexuales...
 
i) La ansiedad es una constante diaria, que impide la estabilidad y serenidad necesarias para mantener un pensamiento positivo, una conducta tranquila y el goce de los pequeños placeres cotidianos.
 
j) Los silencios, los desplantes o los gritos sustituyen al diálogo, y los problemas de comunicación enturbian nuestra relación con los demás.
 
k) Las dificultades sexuales afloran y vivimos la angustia que causan la impotencia, la falta de deseo o de sensaciones eróticas y, sobre todo, la imposibilidad de gozo y comunicación con la persona destinataria de  nuestro amor.

Pedir es tan necesario como dar. No confundamos la autonomía a la hora de gestionar nuestras vidas con la negativa a solicitar la ayuda de otras personas para conducir esas acciones a buen puerto. El psicólogo no es un brujo que cura los males de nuestra psique, sino simplemente un experto en salud mental que actúa como asesor y acompañante y que intentará ayudarnos a que consigamos (siempre por nosotros mismos y desde nosotros mismos) las deseadas seguridad y estabilidad, propiciando un mejor discernimiento en la búsqueda de soluciones y potenciando nuestra autoestima."



Dra. Laura Camacho Alfaro 

 Clínica Arvicana  Teléfono:  2560-8001

viernes, 8 de junio de 2012

La Violencia contra las mujeres.

"La violencia contra la mujer es quizás la más vergonzosa violación de los derechos humanos. No conoce límites geográficos, culturales o de riquezas. Mientras continúe, no podremos afirmar que hemos realmente avanzado hacia la igualdad, el desarrollo y la paz."

Kofi Annan,

Secretario General de las Naciones Unidas


Dolorosamente el problema de violencia contra la mujer crece diariamente a niveles escandalosos,  esto comprende la violencia física, sexual y psicológica; misma que puede ser cultivada en el seno del hogar o bien en el lugar de trabajo.

La violencia en contra de las mujeres es un problema de grandes dimensiones y graves consecuencias para toda la sociedad, pero prioritariamente, para las mismas mujeres que la sufren, las cuales en un alto porcentaje calla el problema, indicando es parte de mi vida o es parte de lo tocó al casarme o al establecer un modelo de relación familiar, o bien, lamentablemente se presenta dentro de valores, creencias y actitudes aprendidas ya que lo vivimos en el hogar y se tienden a repetir los mismos patrones de conducta generación en generación, sin distingo de nivel económico, social y educativo, de etnia, religión o ideas políticas.
 
Lastimosamente conocer el impacto real de la violencia en contra de las mujeres es sumamente difícil, debido a que se convierte en un problema “invisible”, ya que muchas mujeres optan por callar por miedo del que dirán, o por el alto temor a su agresor y a la incongruencias de nuestras leyes.
 
En nuestro país, la violencia contra las mujeres ha cobrado en promedio en esta década, la vida de dos mujeres cada mes, asesinadas a manos de conocidos y desconocidos, pero en su gran mayoría son sus propias parejas.  Esta es solo una de las más visibles e irreparables consecuencias de esta agresión cotidiana que sufren las mujeres en Costa Rica.
 
Algunas características personales de las víctimas de violencia doméstica podrían ser la causa del maltrato.  Ciertas corrientes del área de la psicología apuntan a características de masoquismo o a patologías como la histeria o el trastorno de personalidad dependiente, para explicar por qué algunas mujeres permanecen o regresan a una relación de abusos.

Durante mucho tiempo se ha intentado culpabilizar a la víctima de su situación de maltrato, favoreciendo lo que se conoce como “doble victimización de la mujer” lo que supone que se le convierte en víctima no sólo de una terrible situación de violencia, sino también de toda una serie de acusaciones que le responsabilizan de esa situación.  Actualmente se tiene a mano suficiente documentación que demuestra que no existen características psíquicas diferentes entre las mujeres maltratadas y no maltratadas previamente al inicio del maltrato.  Por el contrario, es el maltrato contra la mujer en la pareja, lo que conlleva una serie de trastornos y problemas de orden psicológico que no deben ser ignorados.

Hoy por hoy es de conocimiento profesional y popular, que el maltrato incrementa una serie de sintomatología y de cuadros clínicos que van desde baja autoestima, insomnio y  la ansiedad. En casos más severos se puede presentar depresión clínica o el trastorno por estrés postraumático.  Es un hecho probado que la frecuencia de depresión en las mujeres es casi dos veces mayor que en los hombres y, aunque a menudo se recurre a diferencias biológicas para explicar este hecho (por ejemplo las características del ciclo reproductivo de la mujer), lo cierto es que muy probablemente son las desigualdades de género, y entre ellas la violencia de género, las que más contribuyen a esta diferencia “no natural”.

Asimismo de las condiciones diagnósticas previamente descritas, también hallamos en la literatura otros trastornos y problemas de salud psíquica que se han asociado repetidamente con el maltrato contra la mujer en la pareja.  Por ejemplo, el meta análisis de Golding (1999) encontró que el 13% de las mujeres maltratadas había tenido ideación suicida y el 23.7% había intentado suicidarse.  Esta asociación entre la violencia doméstica y la ideación e intento de suicidio, al igual que en el caso de la depresión, ha sido constatada en ámbitos muy diferentes, como EE.UU., México, Escandinavia y Papua Nueva Guinea. El consumo y abuso de determinadas sustancias, como alcohol, drogas y determinados psicofármacos (antidepresivos, anfetaminas, tranquilizantes y estimulantes), también se ha abordado de forma recurrente en el estudio de la violencia doméstica. 

El impacto de la violencia sobre la calidad de vida de las mujeres es profundo y comprende no solamente el daño físico, que ya de por sí es gravísimo, sino también el emocional y psicológico, siendo este último el que mas determina sus conductas futuras, y es el que con atención psicológica adecuada puede tratarse y conseguir el mejoramiento en la calidad de vida.

Una medida acertada para prevenir esta situación fue la Ley de Penalización de la Violencia Contra las Mujeres, promulgada en el año 2007, que nació para “proteger los derechos de las víctimas de violencia y sancionar las formas de violencia física, psicológica, sexual y patrimonial contra las mujeres mayores de edad, como práctica discriminatoria por razón de género, específicamente en una relación de matrimonio, en unión de hecho declarada o no…”

Otro instrumento de gran valor ha sido la canalización de denuncias por parte del Centro Operativo de Atención a la Violencia Intrafamiliar que recibe llamadas a través del 9-1-1 y la Línea Rompamos el Silencio, 800-300-3000.  Todo esto para ayudar a detener esa violencia que crece día a día, y que para muchos es solo portada de periódicos, sin detenerse a pensar que en muchas ocasiones alguien pudo haber hecho algo para evitar ese femicidio y no lo hizo, por omisión o por simplemente decir no es mi problema.  Estas denuncias se manejan de forma confidencial y lo que se pretende es que las autoridades sean quienes detengan el acto, pero para conocerlo hay que denunciarlo.

Hay una verdad que no esta oculta en este tema, y es que cada uno de nosotros puede llegar a tener algún grado de responsabilidad, esto por cuanto en muchas ocasiones hemos escuchado, conocido, y hasta  visto algún caso de violencia en contra de las mujeres y no hemos hecho nada, nuestro silencio y/o nuestra indiferencia es responsable directo de este tipo de violencia.

Con esta reflexión de hoy no pretendo crear una conciencia de culpa, sino un cambio positivo en cada lector o lectora, para que se detenga a pensar… conozco algún caso y no hago nada, sufro algún tipo de violencia y no digo nada, pues bien eso es lo que se pretende, convertimos en un instrumento de cambio y coadyuvar en evitar que la violencia en contra de las mujeres siga en aumento.

Hay formas en las cuales cada uno puede colaborar, como lo son la línea del 9-1-1,  o bien Rompamos el silencio 800-300-3000, donde podemos reportar o dar aviso de un hecho de violencia de genero, podemos salvar vidas, podemos evitar que mas mujeres sean víctimas silenciosas de sus agresores.  La consulta psicológica es un medio donde se le brinda ayuda y terapia a las personas directas o indirectas que sufren de este problema, se les ayuda y colabora para mejorar considerablemente su condición de vida.



Dra. Laura Camacho Alfaro

Licenciada en Psicología



Clínica Arvicana       



Teléfono 2560-8001